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martes, 8 de noviembre de 2016

Yoga: "somos un sistema de sistemas"



Como capas de una infinita cebolla, anatomía y fisiología se contienen unos a otros, despliegan múltiples resonancias y metáforas en varios campos de lo corporal.

El concepto de cuerpo trasciende lo orgánico para abarcar aspectos afectivos, culturales, históricos, y enriquece la mirada biológica. Convoca implicancias de lo artístico, la diversidad de disciplinas del movimiento y diferentes abordajes expresivos y terapéuticos.

Estar vivos

"Una ameba unicelular, un rosal florecido, un elefante, ustedes, yo... todos los seres vivos “hacemos lo mismo”: somos una porción de materia envuelta en una membrana más o menos permeable; tenemos la posibilidad de incorporar ciertos elementos del ambiente y procesarlos; los utilizamos para recuperar energía, crecer, reproducirnos... Eliminamos los deshechos. Nos retraemos ante las agresiones, nos expandimos si las condiciones son óptimas... Las mayores diferencias consisten en el grado de complejidad de cada ser.

“La vida no sólo es compleja, sino que tiende a evolucionar hacia una mayor complejidad, atributo que parece ser fundamental para su continuidad;” nos dice Moshe Feldenkrais en su libro La dificultad de ver lo obvio. Así, los seres humanos, productos casi finales de la escala evolutiva, somos los más complicados. A nivel biológico, cada organismo vivo es en sí mismo un mundo de microorganismos. Y el humano lleva eso al colmo. Nuestro sistema nervioso, por ejemplo, cuenta con un número astronómico de células, y por eso mismo es capaz de una extraordinaria capacidad de resistencia y adaptación a los ambientes más diversos. 

Cada uno de los sistemas orgánicos que componen nuestro cuerpo tiene un altísimo grado de complejidad y actúa en forma coordinada con todos los demás, integrándose en una permanente interacción. Los sistemas nervioso y endócrino en conjunto, relacionados a través de la hipófisis (pueden denominarse sistema neuroendócrino) son los “directores de orquesta”. Los líquidos corporales (sangre arterial, sangre venosa, linfa) son sistemas de comunicación que llevan y traen en una incesante circulación las sustancias que todos producen y también las que eliminan. El corazón bombea para que la circulación no se detenga y el intercambio de sustancias se produzca hasta en los rincones más distantes. El aparato digestivo proporciona combustible que se “quemará” utilizando el oxígeno aportado por los pulmones; encargados también de devolver al exterior los gases resultantes de tal combustión. Otros residuos innecesarios o tóxicos, serán eliminados por el mismo aparato digestivo o por el urinario (después de atravesar el filtro de los riñones). La energía producida permitirá el crecimiento, la reproducción y el movimiento; este último está sobre todo a cargo del sistema óseo y el muscular (sistemas de sostén que se complementan con los tejidos conectivos -las fascias- y el sistema tegumentario).  En toda esta sinfonía resultan fundamentales las funciones de protección que también ejercen los tejidos tegumen­tarios (piel, mucosas, membranas..) y las barreras inmunológicas existentes, con características propias, en los diversos tejidos orgánicos.
 
Y pensar que en el principio fuimos un encuentro fortuito entre sólo dos células (óvulo y espermatozoide) con toda la información necesaria para convertirnos poco a poco en humanos. En el proceso de la gestación repetiremos, cada vez, paso a paso el proceso de evo­lución de las especies. Así pasaremos de ser seres unicelulares, a pluricelulares, gusanitos apenas inervados, renacuajos con esqueleto rudimentario... como dicen los biólogos: la ontogénesis repite la filogénesis." Julia Pomiés

"¿Es el psiquismo un sistema? Si tomamos como definición de sistema la idea de un todo organizado, articulado con una finalidad, y recordamos que los científicos hablan de sistemas que buscan su equilibrio, homeostáticos o funcionales, contestaremos que el psiquismo es aquel sistema cuya tarea es elaborar, transformar, las tensiones que la vida nos presenta. Sin el sistema psíquico quizá no existiría eso que los corporalistas llamamos, con propiedad, cuerpo. ¿Qué cuerpo podríamos vivenciar sin fantasías y sin palabras? ¿Cómo haríamos para diferenciar colores y sabores, cómo para valorar experiencias tan distintas como el placer o el dolor, que sería de nuestra vida sin recordar y sin imaginar?
Freud recurre al modelo de la ameba para sus primeras conceptualizaciones del aparato psíquico. Tal como un organismo unicelular, el “yo” intenta evitar lo penoso y acercarse a lo placentero; lo hace a través de un complejo aparato que funciona mediante la capacidad de representar. El sistema psíquico es el “encargado” de organizarnos la realidad, de representarnos el mundo externo, y de “inventarnos” relatos sobre nuestra vida y nuestra familia, mas  allá de nuestra historia biológica. Para poder recibir y organizar los estímulos procedentes del exterior, el aparato psíquico cuenta con un complejo sistema de filtros y pantallas de los mismos órganos de la percepción. Por otro lado, el incipiente psiquismo pone en marcha mecanismos (como desplazamiento y condensación), que, actuando sobre la red de representaciones, están al servicio de transformar en calidad aquello que se presenta como cantidad de energía o de excitación. Lo traumático será lo que el sistema psíquico no pueda procesar, imaginar, nombrar: lo “indigerible”, lo “inasimilable”.
La neurología nos aporta el esquema del arco reflejo, para explicar el recorrido de un estímulo desde el lugar en que es recibido hasta el lugar en que se descarga, como una respuesta motriz inmediata, automática; la finalidad es liberarse de ese malestar, esa tensión. Podemos pensar que  el funcionamiento del psiquismo está al servicio también, de aliviarnos de la angustia, la privación o el sufrimiento. Siguiendo una idea de J. Nasio, diremos que el trabajo del aparato psíquico puede ser entendido como una complejización del esquema del arco reflejo (ver gráficos). El objetivo es disminuir o descargar la tensión o la energía psíquica (libidinal) que circula en el interior del psiquismo. Si el “yo” cuenta con un conjunto de representaciones psíquicas rico, variado y múltiple, en continuo crecimiento, serán más elaboradas sus respuestas, más adecuadas sus funciones, mejores sus defensas.
Es preciso señalar que, para este sistema psíquico, los otros “aparatos” del organismo son también, al principio, parte de la realidad externa. Es bastante largo y trabajoso el camino para llegar a que el hambre, el frío, el dolor o la esperanza sean reconocidos como aspectos del propio ser. El cuerpo es un externo y un extraño al que lenta­men­te y, si todo va más o menos bien, vamos conociendo e integrando en una unidad psicosomática, configurando una imagen de nosotros mis­mos: la imagen corporal.
Las producciones del psiquismo, como los sueños, síntomas y la mayoría de nuestros actos, muchos de ellos inconscientes, obedecen a esta lógica donde se oponen placer/displacer, claro que, a veces, por caminos paradojales: si el ser humano, como la ameba, sólo quiere estar tran­quilo... ¿por qué inventa cosas como la guerra? ¿o las enormes ciudades? ¿o los exámenes? El sistema psíquico quizás, a diferencia de los otros sistemas corporales, trabaja de modo contradictorio, a veces inexplicable..." Mónica Groisman

Clínica de la tensión

"Esta búsqueda de la “no-tensión” tal vez sea  inalcanzable en la naturaleza de la experiencia humana. En realidad, lo que sostiene la vida son las distintas configuraciones entre la tensión y la relajación, la actividad y el descanso, entre el anhelo de calma y el deseo que impulsa. Las nuevas ideas en ciencia y filosofía recuperan las nociones de movimiento, fuerzas, enfrentamientos, conflictos.
La tensión es definida como el estado que producen fuerzas opuestas, contrarias;  también  como aquella fuerza que, inversamente, impide que un cuerpo se separe, se disgregue. Hablamos de tensiones “buenas”, útiles para el vivir, y otras excesivas, que impiden la fluidez, la flexibilidad de la vida. Si la tensión no existe, el riesgo es la desintegración. Si es demasiada, el movimiento queda congelado, bloqueado. Pienso la tensión como una noción psicosomática, que puede aparecer bajo la forma de una contractura, de una conducta, o de un conflicto. La transformación de la tensión remite a las ideas de trabajo psíquico y de pasaje de la cantidad a la calidad y sus diferentes vicisitudes. Así, la tensión surgida de la vulnerabilidad inicial del recién nacido, es la condición para la tarea de representación; es en este trabajo donde lo somático es no sólo erogeneizado, sino también imaginado, nombrado, simbolizado como cuerpo. Considero que el eje tensión-relajación es constitutivo de la corporeidad, ya que la vida moldea los distintos grados de tensión, y permite pensar criterios diagnósticos donde la salud y la enfermedad serán  manifestaciones de la capacidad de enfrentar las “tensiones de la vida”.
La clínica corporal articula un espacio donde juegan ciertos “imposibles”del cuerpo: “relajarse”, ”percibirse”, ”expresarse”, ”comunicarse”, serán propuestas con valor de oportunidad. Más que objetivos alcanzables, la actitud clínica considerará lo que surja como nuevo en el intento de...; lo más interesante no será el cuerpo relajado sino las dificultades de relajarse, la movilidad de los estilos de expresarse, los malentendidos de la comunicación; la clínica corporal no es sin-tensión, más bien transita entre la tensión y lo imposible. Es una clínica paradojal, como aquello contradictorio pero estructurante, que es necesario sostener, y no resolver.•


Los términos contractura, conflicto y nudo son formas diferentes de nombrar una realidad compleja; por consiguiente, formas diferentes de entenderla.
Contractura forma parte de la realidad de la medicina: “una respuesta involuntaria a una estimulación nerviosa excesiva”(3). Se habla aquí de lo fisicoquímico, de músculos, de nervios, de conducción de estímulos.
Conflicto es lo que el psicoanálisis entiende como lo que se produce “cuando en el sujeto se oponen exigencias internas contrarias. El conflicto puede ser manifiesto o latente pudiendo expresarse este último de un modo deformado y traducirse especialmente por la formación de síntomas, trastornos de la conducta, perturbaciones del carácter, etc.” (4)
Pero la realidad no es puramente fisica, ni exclusivamente psíquica, adquiere  sus diferentes nominaciones, valores y explicaciones según  nos esté  “atendiendo” un médico o un psicoanalista, por ejemplo.  La realidad será somática, psíquica o espiritual según el lugar desde donde la observemos y según qué relaciones establezcamos entre esos distintos ordenamientos del mundo.

En nuestra tarea buscamos un lenguaje que nos represente. Abordamos un campo de la realidad que incluye percepción e imaginación, lo físico y lo psíquico. Un nuevo lenguaje que escucha el “yo me siento...», con nuevos recursos para investigarlo.
Es así como el nudo es, al mismo tiempo: el dolor que molesta o impide el movimiento; el montículo diferente, duro, que palpo en el camino que va del cuello al hombro; la bronca y la sorpresa de que me pase esto “si hace sólo cuatro días que volví de las vacaciones»; el recuerdo de que “a papá le pasaba lo mismo»; el alivio que siento al descansar, al mover mis brazos como si fueran alas o como si, por fin, descargaran un golpe.

Nudos que se ven
Después de los ejercicios bioenergéticos suelo pedir a los participantes del trabajo que dibujen un cuerpo humano y ubiquen las zonas anudadas. Los dibujos sirven para verse, a modo de espejo, y para aprovechar la vivencia dándole otro soporte, otro lenguaje. La graficación permite aclarar percepciones, salir de la vivencia corporal apenas un paso, suficiente para comprenderla desde otro modo de expresión.
Después del trabajo grupal, cada uno volvió a su dibujo y lo completó con frases breves que le pusieron palabra a la imagen.
Dando una mirada a un conjunto de dibujos producidos vemos que, en algunos, los nudos se distribuyen por la periferia del cuerpo, mientras que en otros aparecen en zonas más internas: la columna, los órganos. Hay quienes marcan los nudos con el mismo color con el que dibujaron el cuerpo y quienes los destacan con un color diferente: no todos se sienten igual respecto de los nudos que cargan ( o que los acompañan). Aparecen dibujos enojados, que se pelean con el síntoma esto nos hablaría de aspectos egodistónicos de los trastornos corporales. Otros, en cambio, evidencian aspectos egosintónicos, se muestran complacientes, casi a gusto con los nudos, que aparecen armónicos en el conjunto de la imagen.
En algunos gráficos se ven muchos nudos. En otros, apenas uno o dos bien localizados y remarcados. Las zonas «privilegiadas» con un buen registro son: la espalda, el cuello, los hombros, la cintura. Casi no aparecen tensiones, marcas o nudos señalados en la cara, mandíbulas, ojos, cabeza... aunque, en un dibujo leemos que “tanta tensión me pone los pelos de punta”. La conciencia corporal y la estructura de las tensiones no es igual en toda la extensión del cuerpo.
Una misma consigna de graficación puede provocar respuestas muy diferentes. En todas se puede observar la conjunción de tres aspectos que enriquecen la definición de nudo.
a) El nudo como «señalador», un ente que indica la presencia de otra cosa. Si signo es todo aquello que está en lugar de otra cosa (Pierce, Eco), entonces podemos pensar en una “semiología” de lo corporal, que incluya y analice las diferentes formas de señales corporales: lo gestual, lo postural, las diferencias entre lo que se marca a nivel de lo muscular, de lo óseo o de lo orgánico-funcional. Es el cuerpo que se trae a la entrevista: un cuerpo con signos a descifrar.
b) El nudo como conjunto de representaciones, de imágenes, mundo de contenidos, de significados corporales, donde lo visual cobra preponderancia. Pienso en una «tópica» de lo corporal, un «mapa» que se extienda por el espacio subjetivo, con su relieve de sentidos particulares. Elina Matoso y Mario Buchbinder han avanzado en esta línea al conceptualizar un “mapa fantasmático corporal”. Una tópica atravesada por la palabra, e inseparable de los mecanismos de producción de todo discurso. Lo que mi cuerpo dice, lo que mi cuerpo muestra, es según lo que fue dicho de mi cuerpo.
c) El nudo como quiebre energético, como aquello que impide un libre fluir de la energía personal, un lugar de detención . Desde aquí  podríamos hablar de una «economía» de lo corporal, que daría cuenta de lo pulsional, lo que impulsa, la vitalidad, el movimiento o su falta; las fuerzas que aparecen en nuestro trabajo sin referentes representacionales: “hoy tuve ganas de llorar y no supe por qué”; “de repente, me quedé sin fuerzas”; “ me tiembla todo”.
Cuando, como terapeuta corporal, me enfrento a los nudos pienso en estos tres planos y trato de abordarlos integralmente, tal como el dolor de la vida los muestra.

¿Cómo vivir menos anudados? ¿Qué posibilidades hay de disminuir la tensión? Esa es, en última instancia, la preocupación central. Y los participantes de los grupos parecen sugerir tres modos de trabajo.
El primero es el relativo a las emociones. Los nudos quedan asociados a sentimientos no expresados. Emociones vinculadas con la agresividad, la bronca, el dolor, el miedo... son las que aparecen como fuente de la escalada: presión-tensión-nudo, cuando no puedo expresarlas (porque no las registro, o porque no se debe). El camino para desatar este nudo pasará por el desbloqueo de estas emociones y su expresión en un contexto adecuado.
Una segunda búsqueda estará relacionada con la idea de peso, carga, responsabilidades excesivas. La impotencia de no poder ser todo lo que se desearía o se debería. Los nudos aparecen como emblemas o “charreteras” donde puedo mostrar a los demás cierta imagen corporal vinculada al narcisismo.
Un tercer abordaje se relaciona con la demanda de amor, de contacto, la necesidad de obtener sostén y contención, que se expresa, no sólo a través de los nudos distribuidos en la superficie corporal (membrana de contacto), sino también, por ejemplo, en un dibujo con los brazos extendidos pero sin manos, mostrando a la vez el pedido y la dificultad de tocar, de llegar.
El nudo es parte de mi lenguaje de trabajo y tiene su lugar en la reflexión teórica que lo sustenta. Nudos, apoyos, elásticos, estar parados, tomar aire: hemos hecho, a través de los años, una re-semantización de muchas palabras, tratando de que ellas hablen de esta multiplicidad de conceptos que encontramos reunidos en el cuerpo. Lo representacional y lo energético. Hablo de esto cuando hablo de nudo, pero también cuando hablo del cuerpo entero en nuestro marco de trabajo. Partiendo de los nudos vuelvo al cuerpo como un campo de conocimientos que se va desarrollando allí donde las diferentes disciplinas parecen dejar «cabos sueltos”. En nuestra clínica vamos atando cabos para que, desde un lugar y otro, vaya surgiendo la trama de una historia corporal, es decir, una historia de vida.• Mónica Groisman





"Toda asana tiene tres partes: BRAHMA - entrar en la postura, aceptar. VISHNU - mantener la postura, disfrutar. SHIVA - salir de la postura, soltar."


El yoga nos da las llaves para inspirar el significado de lo mundano.
Una de las prácticas más simples es cultivar una pausa - una brecha conciente- entre inhalar y exhalar, entre estar de pie y arrastrar los brazos hacia arriba, entre un pensamiento y el siguiente.
En la pausa sentimos lo que es, y lo que estamos creando.

Te invito a hacer una pausa y preguntar: ¿qué estoy creando en este momento, en este ciclo de la vida?
Y luego preguntar: ¿cómo puedo cultivar un sentimiento de significación e intencionalidad? ¿cómo puedo elevar lo habitual al ritual, crear conciencia, maravilla y asombro?

Descansando en la brecha: la respiración como ritual.

Encuentra un espacio cómodo. Simplemente observa tu respiración durante unos cuantos ciclos. Sólo observa tu respiración, encontrarás que comienza a disminuir la velocidad. Después de unos minutos, observar más específicamente: siente el momento en que tu aliento "gira", cuando la inhalación se convierte en exhalación y la exhalación se convierte en inhalación. ¿cómo se siente? ¿se apresura? ¿es espasmódico o suave? ¿es fácil  o estás inquieto?

Invita y permite que todas las sensaciones y pensamientos, como la brecha entre las respiraciones, aumente gradualmente, incluyendo la ansiedad y la agitación, así como la calma y la facilidad.
Recuerda que no hay número mágico o premio por tener mas tiempo.
El regalo es el tiempo que te das a ti mismo para ser, la creciente capacidad de aceptar lo que sea que surja en tu propia mente y el cuerpo, y la capacidad de apreciar cada momento como viene y va.
Esta práctica simple puede ser tan corta como cinco minutos o el tiempo que deseas, practicado en cualquier momento y lugar. Así serás capaz de aceptar incluso las situaciones más difíciles y los pensamientos personales, darles la vuelta con paciencia y compasión.


"El Yoga, que tiene como objetivo preparar la mente y el cuerpo para el auto-conocimiento, a los ojos de muchos se convirtió en un tipo de gimnasia, así como "Pilates", lo que puede ser verdad, una buena opción, como el ejercicio, pero eso es muy poco delante de su mayor propósito. Sin la conexión con la tradición védica, la práctica de posturas de yoga o cualquier otra actividad no es un error, pero tal vez esté siendo infrautilizada, en otras palabras, incompleta. Si compramos un auto sólo para usar el maletero, no sería un desperdicio? La Danza, la gastronomía, los ejercicios y la música, todos esos campos en la tradición fueron diseñados para transformar la vida de una persona, sacar al individuo de su carrera tratando de alcanzar el primer lugar en el mundo, y dejar esa persona disponible para ti. La tradición es la belleza de todas estas actividades, sin ella todo se vuelve más una opción en el menu."

Jonas Masetti - extracto del artículo qué son los vedas?




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